FIRMAS: Casimiro García-Abadillo, D Torres, LM Anson, D Gistau, M Jabois, L Oz, C Rigalt

El abismo salvó otra vez a Europa
. La batalla europea se ha saldado con un nuevo impulso al euro. La ruptura de la moneda única, como acertadamente apuntó el presidente de la AEB, Miguel Martín, no sólo era posible, sino «probable». Pues bien, esa angustia que producía un escenario de colapso del proyecto europeo, más justificada que nunca, se alivió en la madrugada del viernes gracias a un órdago conjunto de Mariano Rajoy y Mario Monti, interesadamente escoltados por François Hollande.Como siempre, detrás de las escaramuzas europeas hay una batalla de poder. Merkel vio en la crisis de la deuda de España y de Italia una oportunidad para avanzar en la unión bancaria y fiscal. Lo que significaba una cesión de soberanía sin precedentes en la historia de la Unión Europea.
En resumidas cuentas: Merkel estaba dispuesta a ayudar sólo si se daba ese paso importante, que, por su peso específico, daría a Alemania una capacidad sustancial para dictar la política económica de la zona euro. Ese paso, a su vez, le permitiría vender internamente como un triunfo los acuerdos logrados en el Consejo Europeo y calmar, de paso, a sus díscolos socios liberales.
El problema para dar ese paso no eran ni Italia ni España. Rajoy, a sabiendas de lo que estaba en juego, se había adelantado días antes al señalar que su propuesta para Europa se concretaba en avanzar en la unión bancaria y fiscal. Algo agradable a los oídos de Merkel.
Por su parte, Monti no sólo carecía de margen de maniobra para oponerse a ese diktat, sino que él forma parte y es el fruto más genuino de esa política.
El problema para que las tesis de Merkel se impusieran sin oposición, por tanto, no provenía de los países necesitados de ayuda, sino de Francia, segunda potencia de la UE, orgullosa de su soberanía nacional y presidida por un socialdemócrata deseoso de marcar un nuevo rumbo en Europa.
Ese obstáculo al acuerdo se palpó abiertamente en la reunión de ministros de Economía y asesores económicos de los presidentes y jefes de Estado que tuvo lugar en París en la noche del miércoles y que reunió a las cuatro grandes potencias: Alemania, Francia, Italia y España.
Allí se vio claramente que Wolfgang Schäuble estaba dispuesto a ceder en peticiones clave para los países afectados por la crisis de la deuda soberana. Los representantes españoles, de hecho, regresaron a Madrid con la sensación de que Alemania cedería en dos cosas a las que Merkel había dicho explícitamente «no»: la capitalización directa de los bancos a través del Fondo de Estabilidad Financiera o del Mede y la eliminación de la cláusula que da al mecanismo permanente prioridad en el cobro de la deuda.
La incógnita era si la oposición mostrada esa noche por Moscovici, el ministro de Finanzas francés, a la unión fiscal, que suponía el establecimiento de una autoridad europea con capacidad para vetar los presupuestos nacionales, era una posición táctica o era un principio irrenunciable marcado directamente por Hollande.
De hecho, se pensó que, como el presidente francés ya había logrado imponer el plan de crecimiento con un fondo de 120.000 millones de euros (bien es verdad que con la mayoría del dinero recolectado de otras partidas no gastadas o cubierto con créditos del BEI), podría estar dispuesto a ceder algo en la unión fiscal, aunque sólo fuera como una propuesta a desarrollar con plazos alejados en el tiempo.
Sin embargo, la cumbre europea que comenzó el jueves por la tarde en Bruselas demostró que ni Hollande estaba dispuesto a entrar en el juego de la cesión de soberanía, ni Merkel iba a dar a España e Italia lo que querían sin obtener el triunfo político que la canciller pretendía llevarse a Berlín, casi con la misma seguridad con la que su selección de fútbol esperaba ganar este año la Eurocopa.
Pero Monti es perro viejo en las intrigas de Bruselas. Así que, antes de que se diera el visto bueno al plan de crecimiento que Hollande ya tenía en el bolsillo, vetó junto a Rajoy el acuerdo. Y fue aún más lejos al amenazar con su dimisión. Lo cual era como decirle a Merkel: «Si yo, que he sido una creación tuya, muero, tu también morirás conmigo».
Es decir, que la canciller tenía que hacer frente no sólo a un bloqueo que hubiera abocado al euro a una casi segura ruptura, sino a una crisis política sin precedentes en Italia.
Fue entonces cuando Hollande apretó el acelerador y se puso del lado de los necesitados. No sólo para lograr desbloquear la propuesta que le permite vender el resultado de la cumbre como éxito de sus políticas, sino porque ese movimiento le proporciona un capacidad de maniobra que Sarkozy había perdido. Curiosa y paradójicamente, el líder socialista francés se convertía así en defensor de la causa de dos conservadores empedernidos como son Monti y Rajoy.
La habilidad del presidente español en este trascendental lance ha consistido en acertar con las alianzas. Rajoy era consciente, desde la reunión del Eurogrupo en la que se concedió a España el crédito de 100.000 millones para sanear a la banca, de dos cosas fundamentales: que los problemas de Italia y de España eran muy similares y que, por tanto, había que negociar codo con codo; y, en segundo lugar, que Schäuble nunca iba a jugar a la ruptura del euro y que, al final, en los momentos difíciles siempre se podría contar con él como un aliado más.
En el fondo, no lo olvidemos, Alemania ha dado un paso fundamental en sus aspiraciones al lograr el pacto para crear un supervisor europeo dependiente del BCE.
Aunque ésa es una batalla que dará todavía mucho que hablar. No sólo por la oposición frontal del Reino Unido, sino porque muchos países querrán mantener el control sobre sus bancos no sistémicos e incluso porque los bancos regionales alemanes se niegan a aceptar un control que no sea el del propio lander.
El euro salió vivo de Bruselas, pero aún le quedan muchos obstáculos por salvar.Siga a Casimiro García-Abadillo en Twitter: garcía_abadillo casimiro.g.abadillo@elmundo.es.
Rajoy, delantero centro
RAJOY dice que tiene la obligación de acudir a la final de Kiev y no le falta razón. Desde tiempos inmemoriales su labor principal ha sido la de secundario cómico: primero le rió las gracias a Aznar, luego a Sarkozy y ahora a Merkel. Cuando intentó una carrera de humorista en solitario con el célebre número de los hilillos de petróleo, la gente no acababa de pillarle la gracia. Estaba claro que Rajoyganaba protagonismo en la sombra, porque es un personaje que se crece cuanto menos se ve, como esos invitados que todo el mundo espera en una fiesta y que crean tanta expectación que al final lo mejor es que no vengan. Por eso perdió dos elecciones seguidas, para hacerse esperar y de paso acaparar portadas y robarle planos a Zapatero, que es otro secundario cómico venido a más y luego a menos.Al lado de esos esforzados borbones que sudan la corona mientras avizoran el gol, Rajoy puede completar el sueño de una Europa unida en el único campo que le va quedando a Europa: el de fútbol. Es un terreno que conoce a la perfección, no en vano una vez le preguntaron cuál era su periódico de cabecera y respondió que el Marca. Hablaba completamente en serio, lo que pasa es que la gente en general y los periodistas en particular no acabamos de captar ese humor gallego que no se sabe si sube o si baja, como la prima de riesgo. Muchos nos tomamos en serio su programa electoral cuando estaba claro que sólo era una coña, y muchos no entendimos que cuando dijo lo del Marca nos estaba revelando los secretos más íntimos de su política. Para que no le malinterpretemos más, Rajoy ha decidido que la prensa le pregunte lo menos posible, prefiere que le traigan las preguntas ya hechas o mejor se las pregunta él mismo, que al fin y al cabo ya sabe las respuestas.
Esta noche Rajoy puede dar una falsa impresión de inmodestia e incluso de presunción porque sabe que Monti, presidente made in Bruselas, va a quitarle insignificancia. Los palcos se fabricaron para que los mandatarios se vean desde todos los ángulos mientras suben o bajan el pulgar cual gallego en la escalera. Sólo hay un lugar en el mundo donde Rajoy podría ser más visible y sería en el área italiana, donde Del Bosque podría usarlo como ariete para jugar al despiste, que es la especialidad de Rajoy hasta el punto de que hace poco lo confundieron con el presidente de las Islas Salomón y casi se queda. Para darse un baño de multitudes, Kiev quizá no caiga lo bastante lejos.
. VICENTE DEL BOSQUE Que te acompañe la suerte a ti y al equipo español contra la temible Italia
Querido Vicente…
Te recordaba en mi carta boca arriba del 10 de junio una frase de Piru Gaínza, el genial extremo izquierda del Athletic de Bilbao, muchos años capitán de la selección española: «En la mayor parte de los partidos de envergadura, la suerte juega al 50 por ciento». Bruno Alves tiró espléndidamente su penalti pero el pelotón rebotó en el larguero y salió fuera; Cesc lo hizo también de forma certera, el balón dio en el poste y se introdujo en la red. Cuestión de suerte. Si hubiera ocurrido al revés, y la cosa dependió de pocos centímetros, la España eufórica y el Portugal contrito habrían cambiado los papeles. Nosotros seríamos los contritos y ellos los eufóricos.
Por eso, yo te deseo, antes que nada, suerte contra Italia. Y que se juegue bien, claro: que tus jugadores, en lugar de tantos pases hacia atrás, se vayan directos al gol, como hicieron en la prórroga del partido que empatamos con Portugal. Te decía hace unas semanas que frente al zarandeo de la crisis económica, los despropósitos de Zapatero y las blandenguerías de Rajoy, el fútbol mantenía izado el espíritu nacional. Fernando Lázaro Carreter afirmaba que, superadas las guerras en Europa, el deporte rey se había convertido en la épica de nuestro siglo. Es, además, un fenómeno sociológico que paralizará hoy durante un par de horas expectantes la vida de la nación. Así que, mi querido Vicente, junto al buen juego hagamos votos porque se mantenga la suerte que fue determinante para derrotar a Portugal y que jugará esta tarde sobre el césped ucraniano un papel decisivo, tal vez, en una nueva final para la historia de nuestro deporte, el de Zamora y Regueiro, el de Zarra y Basora, el de Gaínza y Gorostiza, el de Panizo y Molowny, el de Gento y Amancio, el de tantos y tantos jugadores geniales, antecesores de los éxitos que tu selección ha elevado hasta las más altas cumbres. El 71,8% de los vascos y el 74,2% de los catalanes contemplaron el éxito de su nación -España- ante el televisor. El fútbol de la selección nacional sigue siendo uno de los grandes nexos de unión entre los españoles.
GUSTAVO PÉREZ PUIG
Nadie beberá para ti las aguas del Leteo
Querido Gustavo…
Voy a recordar ahora una frase que te gustará de forma especial: «Ningún director entiende mi teatro como Gustavo. Es un formidable profesional. Se enamora de lo que hace. Resulta insuperable» -me dijo una tarde en la Academia, Antonio Buero Vallejo, que te mantenía, amigo Gustavo, en el difícil altar de su admiración. El autor de La fundación es el mejor dramaturgo español desde Calderón. Miniaba el teatro con una dedicación y unas exigencias que le han convertido en el gran clásico del siglo XX. Dentro de doscientos años, sus obras se seguirán representando con la misma fuerza que ahora. Las discrepancias políticas entre Buero -un comunista razonador- y tú -cerca ideológicamente de Adolfo Suárez- no fueron obstáculo para una colaboración que tuve la suerte de conocer de cerca.
En el teatro Neruda, que tengo instalado en el sótano de mi casa, asististe al estreno de Venus y Príapo, de Rafael Alberti, que interpretó de forma conmovedora Aitana Sánchez-Gijón. «¿Y por qué no una representación de Buero en tu casa?» -me dijiste cuando nos despedimos. Unos días después recibí Las trampas del azar, pero tu iniciativa no fue adelante porque el autor se inclinó, en este caso, en favor de otra dirección.
No solo Buero. También Sastre sentía y siente devoción por tu forma de entender el teatro. Recuerdo que te impresionaba su Ulalume, sobre todo cuando Edgar Allan Poe, junto a las frondas del bosque Weit, cabe el hechizo del lago Auber, camina al lado de su alma, Psyque, encendida la media luna de Astarté, y llega a un sepulcro en el que reconoce la tumba de la mujer que amó, Virginia, la adolescente de los ojos de almendra triste y la tuberculosis en el corazón. «Tis the vault of thy lost Ulalume», dice Psyche. Este es el sepulcro de tu perdida Ulalume.
Junto a Sastre y Buero, te esmeraste también en potenciar la obra de Miguel Mihura, al que conocí de tu mano, y de Jardiel Poncela, al que mejoraste con tu soberbia inteligencia para los montajes teatrales, ayudado siempre por Mara, tu compañera del alma. Durante sesenta años, tantas veces en compañía de tu amigo Juan José Alonso Millán, hemos compartido las zozobras y las incertidumbres del teatro. Y hemos celebrado también tu indiscutida maestría en televisión, que tan bien conoce el Rey y, por supuesto, Adolfo Suárez.
Fui a velarte, querido Gustavo, a tu teatro, El Español. Anticiparon el traslado del ataúd al cementerio y llegué unos minutos tarde. Hablé con algunos de tus compañeros. No sé si tenías enemigos. Sí incontables amigos que estaban estremecidos por la tristeza. Estoy seguro de que nadie beberá para ti las aguas del Leteo. Nadie olvidará tu obra ni tu amor al teatro ni tu capacidad para la amistad ni tu lealtad para los que te rodearon ni tu coherencia en el pensamiento. Al doblar la última página de la vida, se entiende muy bien que Cervantes recogiera ese verso anónimo, con antecedentes en Joan Escrivá, que tú solías recordar en los días de luto y de tristeza, cuando te acosaban los presentimientos o te irritaban las injusticias: «Ven, muerte, tan escondida, que no te sienta venir, porque el placer de morir, no me torne a dar la vida».
SARA CARBONERO
Te critican los envidiosos
por ser guapa e inteligente y por tu eficacia en el trabajo
Mi querida Sara…
Tiene razón Iker Casillas. Te critican, sobre todo, por ser guapa e inteligente. Hace dos años te escribí una carta boca arriba porque me parecía de justicia reconocer tu excelente trabajo profesional en el Mundial de Suráfrica. Periodistas guapas hay muchas. Que hagan su trabajo con la seriedad y el acierto tuyos, muy pocas. Al margen de aquel beso fugaz, más célebre ya que el de Rodin, la realidad es que tu trabajo profesional resulta impecable y así lo reconocen las que te rodean.
Ricardo Zamora mantiene el gran record del fútbol español: 17 años internacional. Solo Iker Casillas tiene, hoy por hoy, posibilidad de igualarlo. Desde hace 12 años figura en la selección de forma indiscutida. Necesita 5 años más para alcanzar a Zamora. Y tú no solo no enturbias ni entorpeces los éxitos de Casillas. Los alientas y estimulas desde una discreción permanente. Esa es la pura verdad.
J. J. Santos asegura que te llevas bien con todos, desde los comentaristas al último técnico. No escucho más que elogios a tu calidad personal. Profesionalmente eres fichable. Desde la primera vez que te vi trabajar me pareciste una excelente periodista. Todos nos equivocamos alguna vez y en más ocasiones que tú, porque tus aciertos en el mundo deportivo, tan tenso e incierto, son constantes.
Así es que, desde estas líneas, me uno a lo que ha declarado Iker Casillas. La envidia en España, escribió Lope, tiene lengua y ojos largos. Durante mucho tiempo serás su víctima propiciatoria. Ni te alteres. Gangrena del alma española, según Unamuno, tiene razón el clásico cuando dijo que «antes habrá cuerpo sin sombra que virtud sin envidia». Y tus virtudes profesionales son copiosas, al margen de la anécdota de tus relaciones personales, por otro lado tan serias y responsables. Enhorabuena, mi querida Sara, somos muchos los profesionales del periodismo que conocemos la calidad con que ejerces este bello y duro oficio que nos convierte todos los días en obreros de las palabras.
Kiev, 'mon amour'
. Ni después de ganar un Mundial es fácil reprogramar la mentalidad de los últimos añosComo ocurre con las antiguas lesiones cuando va a cambiar el tiempo, a algunos hinchas veteranos nos ha empezado de repente a doler la nariz: «Va a hacer Italia», nos decimos, como si el aire oliera ya a lluvia y frío, a invierno de nuestro descontento. Habrán de disculparnos el pesimismo aquellos que no tengan más memoria íntima que la del éxito. No es tan fácil reprogramar una mentalidad resignada durante años a ciertas poquedades jerárquicas. Ni siquiera después de ganar un Mundial y de haber alcanzado una admiración general tan exultante que, en Kiev, dices que eres español y te traen el niño para que lo bendigas, como el Papa.
Hace sólo cuatro años, sin embargo, todos éramos como aquel españolito sentado en la mesa de al lado en una terraza de Salzburgo que veía en la televisión el Italia-Francia. El ganador de aquel partido jugaría en cuartos contra España, ya clasificada. Y, cuando Italia marcó a última hora su segundo gol, aquel seguidor de la Selección cogió el móvil y marcó un número: «¿Cariño...? Sí, nada, que el martes estoy ahí... Sí, sí, nos ha tocado Italia...». Yo podría haberle preguntado: «A usted también le duele la nariz, ¿verdad?». Todavía no había marcado Cesc aquel penalti que fue la epifanía de una nueva identidad tan abrumadoramente cómoda en los desafíos y en la victoria que, en vez de una Panenka como la de Sergio, en la próxima ronda va a ponerse Casillas a hacer paradas del escorpión, como Higuita.
Vuelvo ahora a la frase de Valdano. Aquélla según la cual la Selección arrebató al Real Madrid la presunción de ser lo único que permitía a los españoles sentirse los mejores en algo. Este axioma, cargado de matices deprimentes, de fracasos implícitos, tal vez sea hoy más poderoso y cierto que nunca. Y probablemente pese a los futbolistas más que en ningún otro momento, a menos que el aislamiento haya evitado que se den cuenta de que una nación deprimida, con la autoestima tan baja como la de una cigarrera de Sabina, ansía encontrar en el fútbol una alegría, una alegoría de otros orgullos perdidos, un motivo para gritar en la puta jeta de cuantos nos han reducido a la valoración de una agencia de rating. En Kiev hay alemanes rezagados que no saben qué hacer con las entradas que compraron anticipadamente para la final. La otra noche, en las discotecas en las que percutieron el landismo y la raza eslava, esos alemanes honraban al equipo español: You are the best in the world.
¿En qué otro ámbito podría un español escucharle eso a un alemán?
Sabemos que es sólo fútbol, como Mick Jagger sabía que era sólo rock'n roll. Y no aprobamos el infantilismo tercermundista en el que la pelota todo lo opaca. Pero, señores, este ratito al menos, con estos muchachos, no se me mortifiquen, no se me envenenen unos a otros, y disfruten como si nunca nos hubiera dolido la nariz. Héroes sólo por un día, cantaba Bowie. Pero es que el día es éste, carajo.
Revoluciones pendientes
. No recuerdo cuándo murió el líbero ni quién lo mató, porque en el fútbol nadie muere solo. Llegaron a ejercer Schuster y Míchel, o sea, que era un puesto de tronío; un jugador detrás de la defensa con enorme capacidad para desplazar el balón en largo, como cañonazos desde la clandestinidad. El líbero fue una manera de vivir, como la delantera de cinco, que poco a poco se fue desvaneciendo en el tiempo. Da cuenta de la importancia del fútbol el hecho de que, como en la religión y el sexo, nadie podrá decir nunca de él la última palabra. Siempre hay una revolución pendiente. Nietzsche mató a Dios y España amenaza con matar al 9.A ese contubernio de centrocampistas y masificación del toque Hughes le profetizó un final en el Barça con una frase lacónica: «Y ya todo serán Celades», refiriéndose el articulista a la ocultación de Celades en los medios «como si fuera el niño ilegítimo de un torero» porque avisa de qué morirán. Con Pep había trampa, pues Messi ejerce en seis puestos a la vez, pero en la selección la apuesta es más arriesgada, ya que no hay nadie que interrumpa los pasecitos para enseñar las tetas, como dice Cascante. Sin embargo ahí está la faena española: a los que le acusaban de soso, previsible y antiguo el seleccionador les está plantando fuego con herejías varias. Puede decirse ya que los panenkazos de Pirlo y Ramos están tapando uno aún mayor: el de Vicente del Bosque.
El camino de España es ganador porque huye del dogma y se adapta al rival, a veces con rarezas. «Nosotros siempre jugamos igual y no atendemos al contrario», suele decir alguien; pues dé las instrucciones el primer día y dimita, alma cándida, qué hace robándole el dinero al club. La selección, sin embargo, ha llegado a la final sin más concesiones a la tradición moderna que la de mantener el balón, que no es poco; desde 2008 ha perdido brillo en favor de una competitividad de máximos, que al final es como se mantiene uno en la cumbre, solo y muerto de frío, asediado por todos.
Este debate tan nuestro entre jugar bien y jugar mal está trillado porque siempre lloran los mismos: los que pierden. Y aunque yo prefiera el fútbol con 60 zambombazos a puerta y ver a Buffon amoratado con los palos de su portería pelados como palillos, si para levantar la Eurocopa hay que jugar con diez mediapuntas tiquitaqueros hasta obligar a un defensa enloquecido a marcarse un gol, me apunto. Al fin y al cabo la verdadera revolución pendiente es la escalerilla de un avión. Y entre perder jugando bien y perder jugando mal yo elijo ganar en los despachos.
Eurocopa, desde San José
. «Costa Rica fue, con Canadá, el primer país del mundo que reconoció el título de licenciado en periodismo en España.Un socavón gigantesco en una de las carreteras principales de entrada a San José, la capital del país, me obligó a seguir el miércoles la semifinal de la Eurocopa entre España y Portugal por la radio del coche. Fue una lección de radio y de cultura costarricense en 2012.
Radio Monumental, la emisora decana del país (1929), ha emitido en directo los principales partidos. Pionera de la información continua en Centroamérica (desde 1983) y famosa por su pizarra y su sirena durante medio siglo (la pizarra para que los peatones pudieran leer las noticias en la fachada del edificio de la emisora y la sirena para anunciar las grandes noticias), su sección de deportes poco tiene que envidiar a las mejores de España.
Con un pequeño estudio, un televisor conectado al canal 6 y una gran habilidad para combinar información y publicidad en directo que daría envidia al mismísimo Paco González y a sus inseparables mosqueteros, el trío formado por Fabio Escalante, César Salas y Alex Mazon me hicieron olvidar rápidamente los terribles efectos de los hundimientos en el país y no poder ver la semifinal por televisión.
En un especial sobre la final emitido el viernes concluían que «España sólo podría ganar a Italia el domingo si mejora mucho su nivel contra Portugal» y «si Del Bosque apuesta desde el principio por un verdadero delantero nato como Torres».
Tras unos minutos de adaptación, pronto me acostumbré a los caracoleos de Xavi edulcorados por construcciones Lagar, a los planchetazos de Pepe iluminados por las tarjetas del Banco de Crédito, a los maratones de Ronaldo por la banda piropeados por electrodomésticos Goyo y a las genialidades de Iniesta acompañadas inmisericordemente por «el mejor amigo para compras en la red TitiOnLine».
Pronto descubrí que en la defensa española jugaba Piqué y no Shakira, que Pioneer era el balón y que los disparos de Ronaldo eras balasos o flechasos que siempre concluían con un interminable «huele, huele, huele, hueleeeeeeeee a gol»que a punto estuvieron de causarme un infarto.
Pantoja también es Marca España
. l La cantante adoptó postura de Madelman, que impide girar la cabeza sin mover el tronco.lCada vez que aparecen imágenes de Marbellaen TV, nuestra marca baja unos cuantos enteros.
l Modesto Lomba me prestó el abanico; Juanjo Oliva no lo usa porque le hace demasiada pluma.
Esta vez no llevaba poncho. En su lugar se puso un chal (blanco) desmayado sobre el hombro y echó a andar como una jequesa. Era un recurso estético más que otra cosa, un golpe de luz para avivar la tristeza del conjunto beis, pero dentro de ella empezó a inflarse la mujer chanel que da grandeza a sus sueños y decidió que ninguna mirada la perturbaría. Siempre ha sido muy echada para adelante, Pantoja.
Lo demás ya es conocido: atravesó la Ciudad de la Justicia con la misma altivez con que atraviesa un aeropuerto o un escenario, mirando al frente y con los hombros tensos, típica postura de Madelman que impide girar la cabeza sin mover también el tronco. Parecía que iba en pos de un auto sacramental. Pensando en eso Pantoja hubiera podido desmelenarse. Sin embargo, prefirió limar los toques étnicos de su estilismo y se recogió el pelo en una cola de caballo al tiempo que se parapetaba tras las gafas de sol.
Constreñida y tal vez nerviosa, forzaba un apunte de sonrisa, como si de ello dependiera la próxima portada de Hola. Quienes la vieron dicen que la sonrisa se le desvaneció al llegar a la sala y quedarse a solas con su cabreo. El presidente del Tribunal recordó entonces que por razones de seguridad no estaban permitidas las gafas de sol y Pantoja rebulló en su asiento. Ella no entiende de protocolos estúpidos. Normal. Nos pasa a mucha gente. A unos más que a otros (a las Mohedano's girls, por ejemplo, les pasó en la boda de la ex miss Segovia Tamara Gorro: Rosa Benito, que lucía gafas de funeral bajo la pamela, parecía la prota de un sketch de Almodóvar).
La propia Doña Letizia también tuvo sus más y sus menos con las gafas de sol en su primer veraneo mallorquín. Lo vieron los ojos de esta cronista. Doña Sofía se disponía a abandonar las instalaciones del Club Náutico en compañía de la Princesa, que recurría a las gafas oscuras para protegerse del sol rabioso. Afuera estaban los fotógrafos dispuestos a acribillar a las damas, y Doña Sofía, que imaginó la secuencia por adelantado, se dirigió a Letizia con una frase cortante: «Quítate las gafas». Si dijo algo más, yo no lo oí. Me gustaría reproducir las teorías de la Reina sobre la buena educación y las miradas francas, pero no soy Peñafiel ni estoy en todas partes.
Volviendo al juicio sobre el blanqueo de dinero, el momento Pantoja coincide con la puesta en marcha de la Marca España. Ni adrede habría salido mejor. El flamante secretario de Estado que se ha hecho cargo del asunto, Carlos Espinosa de los Monteros, sabrá valorarlo. También él hizo Marca Guadalmina cuando vivía a bordo de un carrito de golf. A todas partes iba en su juguete: a misa, a la playa, al súper, etcétera. A la boda de su propia hija llegó acompañando a la novia en un carrito engalanado. Un puntazo.
En la Marca España, concepto tan rumboso como inquietante, coinciden los extremos. ¿Dónde hay más concentración de españolidad? ¿En los toros, el vino, el Rey Juan Carlos, La Roja y Nadal, o en Pantoja y Urdangarin, Julián Muñoz, Gürtel, Josu Ternera y los suyos? Cada vez que veo imágenes de Marbella en el telediario, imagino que la Marca España baja unos cuantos enteros. La imagen del lujo, asociada a esa galería de mastuerzos que han hecho posible el descalabro, produce efectos chirriantes en quien la contempla.
No menos repulsivo resulta el comportamiento lechuguino de Urdangarin, que ha deslizado un silencio sobre sus recientes vacaciones (de lujo) en Las Vegas. Urdanga hace tiempo que apunta maneras desnortadas. En Navidad, correspondiendo a un amigo que le había deseado próspero Año Nuevo, le contestó por SMS: «Si necesitas algo, ya sabes dónde me tienes». Con un par.
Etiquetas: Firmas





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